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¿Por qué
subir Los Gigantes? Hay mucha gente que usualmente se pregunta
cual es el placer que encierra ascender un cerro. La respuesta
unicamente se encuentra cuando se lo hace. Quizás sea liviano
el concepto, pero lo asocio con las adicciones. Se sube y el
cuerpo y la mente pide más: más alto y más complicado. Es
como un desafío permanente, como una máquina que se alimenta
de adrenalina en el afán de ver el mundo desde lo alto,
mientras el viento libre castiga los ojos. |
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A la izquierda nuestro guía: Alejandro Perez
Baroni. |
Nos encontramos
a las 6:30 de aquella mañana de enero, en el centro de Tanti.
Eramos tan solo dos nóbeles aventureros y nuestro guía. Años atrás había ascendido solo
al Cerro La Cruz. La experiencia había sido inolvidable, sin
embargo quedaban cosas por conocer que, con ayuda de nuestro guía,
esta vez descubriríamos.
Me debía el ascenso a Los Mogotes que, de aquella intentona, se
conservaba como una deuda impaga. |
Inicio de la inolvidable
experiencia. |
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A las 7:30
estacionamos el auto en La Rotonda, al pie de los cerros y junto
a un refugio de montaña que después, descubriríamos toda la
carga de historia que encierra. La caminata comienza a las 7:45
y la referencia a la distancia es el Cerro La Cruz y sus 2280 m.
El desgaste de las piedras habla del peregrinar hacia la cima de
inumerables excursionistas, expertos y novatos. A poco de andar,
la primera sorpresa es la curiosa formación pétrea del POLLITO
para más tarde descubrir la CABEZA DE INDIO. |
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Y ahora sí, a
pesar del fuerte viento frío y agresivo y de la
llovizna que, intermitentemente, amenazaba arruinar tanta
expectativa previa, afirmamos nuestro paso hacia el Cerro La
Cruz. Cada recoveco, cada grieta, cada pájaro, cada curso de
agua cristalina y refrescante, va quedando en la retina. Las
piernas apenas encima de las rodillas duelen pero nada frena el
entusiasmo por llegar. |
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Sin
asesoramiento es difícil encontrar la canaleta o chimenea que
lleva a la cima. Un tobogán de marcada pendiente que se
descubre oculto tras sortear unas grandes piedras e ingresar a
través de un pasadizo. La subida, para nosotros llenos de
inexperiencia, nos obliga a tomarnos con desesperación de
cuanta grieta sirva de asiento de nuestros pies y manos; por
suerte, el clima comienza a ayudar y el sol da más
magnificencia al espectáculo que nos rodea. Ya estamos en la
cima, asotados por el viento pero felices nos tomamos de la cruz
de hierro. Una deslumbrante visión nos permite descubrir
en plenitud Carlos Paz y el Lago San Roque, el Dique Los
Molinos, una panorámica excelente de todo el macizo y de Los
Mogotes que nos están esperando. Tomamos innumerables fotos
como testimonio de la emoción que estabamos viviendo. |
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Superado el
primer objetivo iniciamos el camino rumbo a Los Mogotes de 2430
m. |
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Un paisaje
matizado aquí y allá por tabaquillos, por siglos unica madera
de la zona y que actualmente está en altísimo riesgo de
extinsión.
El esfuerzo del
Club Andino Córdoba y un ambicioso plan de reforestación crea
la esperanza cierta de poder recuperar esta especie que cubría
toda la geografía de la zona |
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La caminata nos
deposita próximos a los refugios de montaña del Club Andino
Córdoba y del Club Andino Carlos Paz conocidos como Aurelio
Castelli y Rafael Juarez, lugares obligados para todos aquellos
que practican el difícil deporte del alpinismo y encuentran
aquí el sitio ideal donde permanecer con todas las comodidades
durante el tiempo de estadía en la altura. |
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El GORILA
había quedado atrás y luego de sortear una de las zonas de
reforestación de tabaquillos comenzamos un suave ascenso hacia
Los Mogotes. Numerosas grutas cerradas con piedras apiladas son
testimonio de su uso como refugios alternativos. |
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Estando
a un paso de la cima la conformación se torna complicada.
Finalmente el obstáculo se ve superado: logramos sortearlo para
disfrutar de estar parado sobre el punto más alto de Los
Gigantes. Lo habíamos logrado, una profunda alegría nos llena el
cuerpo y el espíritu. El sol a pleno inunda el cielo sumándose
al momento que vivíamos. |
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La vuelta nos
permite descubrir las imponentes paredes verticales con clavos
que testimonian el lugar de práctica de los alpinistas; la
Cueva del Tío o de los Pájaros, con sus piedras cuviertas de
musgo y helechos vistiéndolas de verdes intensos mientras
lluvias de agua cristalina se dejan caer aquí y allá filtrándose
entre las rocas del techo; la Salamanca, auténtica casa del
diablo, pasadizo estrecho y oscuro, apenas iluminado por una
filtración de luz desde el extremo superior; el Hornito, con su
imagen inconfundible.
Finalmente de
vuelta al refugio de base en La Rotonda, donde una excelente
atención nos recibe mientras nos cuentan toda una historia de
"Sebastianes" que se remontan a principios del 1900,
allí nos deslumbramos con los testimonios de los visitantes
sorprendiéndonos con textos de Quinquela Martín, Marcelo T. de
Alvear o Hipólito Yrigoyen o los actuales donde impacta leer
experiencias de personas de diversos orígenes de todo el mundo
en sus lenguas madres o intentando expresarse en castellano.
Fueron casi 7
horas inolvidables que llevaremos por siempre en el corazón y
en los ojos.
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