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ESTANCIA JESUITICA LA CANDELARIA
PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD
por
Arq. Ricardo Muela
LAS CONSTRUCCIONES
Los Padres Jesuitas, al tomar posesión
de las tierras en 1683, se afincaron junto al río Guamanes, ampliando las
pocas casas y pircas existentes, constituyendo el casco de la estancia.
Esta, poseía además, varios puestos con sus respectivos encargados, con
la particularidad que muchos de ellos eran negros.
Esta pequeña joya de las construcciones
rurales jesuíticas tiene lo que todas las estancias, aunque en
dimensiones menores y con características que la asemejan a un fuerte con
capilla. Está edificada en cuadro cerrado, bastante amurallada. Tiene,
lateral a la iglesia, un primer patio rodeado de las habitaciones que
constituyen el convento y un segundo patio en torno del cual se
desarrollan los talleres y depósitos, las cuadras y corrales. Más allá:
tajamar, atahona, horno, huerta.
Al frente de la Capilla, después del
atrio, una larga fila de ranchos albergan a la gente de trabajo. Sobre el
atrio, sobreelevado con respecto al terreno circundante, forman ángulo
recto la portada del convento y la fachada de la capilla, en un barroco
con adornos simples y bien proporcionados.
La puerta principal de dos hojas de
algarrobo, está enmarcada por un perfecto arco de medio punto que genera
un pequeño porche sobre el cual y hacia el interior se encuentra la
tribuna del coro. Dos columnas sencillas, planas acornizadas, sostienen un
tímpano en cuyo eje central se destaca una hornacina que alojaba una
talla de la Virgen titular, patrona de los mineros.
Las gruesas paredes se completan con
importantes contrafuertes, todo ello construído a la usanza jesuítica:
piedra canteada, combinada con ladrillos cocidos asentados en cal en
sucesivas hiladas. Al coro y campanario se llega por una escalera exterior
que se encuentra en el patio principal.

El interior es muy austero. El maderamen
de tijeras a la vista, sostiene un techo a dos aguas, cuya cubierta está
terminada con tejas musleras asentadas en cal. A la izquierda de la
entrada, bajo el coro, está el confesionario el cual presenta un curioso
agujero hacia el exterior. El altar mayor de mampostería pintado a la
cal, es muy sencillo con pocos ornamentos, salvo cuatro pilastras, cuyo
fuste está adornado con hojas de parra y uvas coloreadas. Se conservan
varias imágenes de candelero, dos tallas, un valioso sagrario y los
elementos del culto.
La planta es rectangular, pero poseé
sacristía y contrasacristía que esbozan un crucero. La primera comunica
con las habitaciones del claustro y la segunda (de construcción
posterior) con lo que fue el cementerio.
El patio principal del Convento, que
tiene ingreso por el portal que está en el atrio de la capilla, está
rodeado por claustros construídos en distintas épocas. El más antiguo,
a continuación de la sacristía, con galería angosta de pilastras
cuadradas, balaustrada baja y techos con tejas a dos aguas. Al frente una
galería con arcos de medio punto con techos de cañas, paja y barro, es
de construcción más moderna.
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